Introducción
El miedo es una emoción natural, vital para la conservación de la especie humana. Todos la hemos experimentado alguna vez, ya sea de niños, de adultos; a cosas fantasiosas, a problemas reales, cosas abstractas, etc. No hay nada negativo, ya que nos permite ver el peligro inminente. El problema viene cuando el miedo se cronifica, porque daña al sistema cardiovascular por medio de mecanismos que veremos a continuación, cuando el miedo deja de ser un mecanismo sano, a ser un estilo de vida.
Fisiología de la respuesta corporal al miedo
El miedo puede venir de diversos estímulos: ver algo aterrador, escuchar ruidos fuertes, sentir algo en tu espalda, oler algo anormal, etc. No importa de donde venga el estímulo todos convergen en dos lugares del cerebro. La amígdala cerebral, en la profundidad de los hemisferios cerebrales. Y en el hipotálamo, conectado en el sistema límbico que nos permite ser consciente de la emoción, y tener una respuesta conductual y otra física.
De forma conductual, cuando algo nos da miedo, tenemos tres respuestas biológicas predeterminadas: congelarse (para evitar ser visto), luchar o huir. No importa cual de las tres conductas tomemos, fisicamente ocurren los mismos cambios.
El hipotálamo activa al centro cardiovascular simpático. Libera noradrenalina hacia el corazón, los vasos sanguíneos y la glándula suprarrenal. Esta última libera adrenalina y más noradrenalina hacia la sangre. En el corazón la noradrenalina aumenta la frecuencia cardíaca, la conducción atrioventricular, la fuerza de contracción (inotropismo), y en última instancia aumenta el gasto cardíaco total. Pudiendo pasar de un gasto en reposo de 5 litros/minuto a un gasto de hasta 20 litros/minuto. A su vez la noradrenalina vasodilata levemente a las arterias coronarias, permitiéndoles suministrar mayor sangre al miocardio. También vasodilata a las arterias de los músculos, principalmente aquellos que estemos ocupando en ese momento. Por ejemplo si estamos corriendo, los músculos más activos son los del miembro inferior y los intrínsecos del hombro. Si estamos luchando, también ocupamos a los músculos del miembro superior y del abdomen. Todos ellos se vasodilatan para recibir más sangre y poder llevar a cabo su metabolismo sin problemas. Por otro lado, la adrenalina en otros vasos sanguíneos como los de la piel o el intestino, produce vasoconstricción para desviar la sangre a los órganos que la necesitan. La vasodilatación reduce las resistencias periféricas ligeramente, pero la mayor vasoconstricción y el aumento del gasto cardíaco elevan la presión arterial. Todo tu cuerpo esta activado, moviendo las reservas de energía desde el hígado y el tejido adiposo hacia los músculos, el corazón y el cerebro. Esto en un solo evento o en pocos aislados por semanas o meses, no le produce ningún tipo de daña al corazón sano.
Pero, ¿qué pasa si vivimos en un estado de hiperalerta constante? ¿Si tenemos miedo todos los días de forma sostenida a que algo malo nos pase? La estimulación simpática sostenida genera cambios estructurales y funcionales en el corazón, que en algunos casos puede llegar a ser irreversible. El corazón estresado consume mucho oxígeno, incluso agota sus reservas de glucógeno y cambia su metabolismo de preferentemente oxidar ácidos grasos (60% de su combustible energético normal) a oxidar la glucosa (20-35% de su combustible normal). Este «switch» energético lo vuelve vulnerable a la isquemia celular. Pero vamos por partes. La estimulación simpática crónica es un mecanismo importante para la génesis de hipertensión arterial, de forma directa por acción de la adrenalina y noradrenalina; y de forma indirecta porque esta ultima estimula la secreción de renina en los riñones, elevando consecuentemente la concentración de angiotensina II y aldosterona. La aldosterona por su lado aumenta el volumen sanguíneo, elevando más la presión. La presión elevada daña al corazón de tres formas: generándole más estrés a un corazón más activo de lo que debería, dañando las arterias coronarias y limitando el flujo sanguíneo del corazón con la isquemia consecuente, y, por último, induciendo cambios moleculares a nivel del corazón. La angiotensina y la aldosterona son capaces de inducir la muerte celular de las células cardíacas y sustituirlas por tejido fibrótico.
Lo peor es lo que viene después de esos cambios iniciales. Después de años de una vida de miedo crónico tenemos a un corazón sobrecargado, que lentamente ha ido sustituyendo músculo por tejido fibrótico rígido. Esto disminuye la eficiencia del propio corazón, haciendo que bombee menos sangre. También el hecho de tener menos células, hace que las sobrevivientes tengan que trabajar más para compensar el trabajo de sus camaradas muertas, lo que aumenta aun más su estrés y genera un círculo vicioso que solo daña al corazón.
A partir de aquí hay dos caminos a seguir si no se modifica el estilo de vida de la persona. El corazón se vuelve insuficiente, dando un cuadro franco de falla cardiaca crónica o aguda. O ocurre un evento que sobrecarga repentinamente al corazón y al no poder compensar la situación por sus arterias enfermas, cae en un cuadro de cardiopatía isquémica. Si el daño no es muy severo puede ser algo solamente crónico, que invariablemente lleva a falla cardíaca también. Pero si es severo, produce un síndrome coronario agudo con la consiguiente hospitalización y todo lo que conlleva.
En otros casos, puede ser que el corazón enfermo, se vuelva arrítmico. Y de las arritmias cardíacas la más común se llama fibrilación auricular. Durante esta arritmia, que puede durar de minutos a… toda la vida incluso, la sangre se estanca en la orejuela del atrio izquierdo. La sangre estancada se coagula, y ese coágulo puede desprenderse de la pared del atrio y viajar hacia cualquier territorio arterial produciendo una embolia. Lo peor que las personas pueden pensar es en una embolia cerebral, o en términos médicos: un accidente cerebrovascular. Pero no es lo peor que puede pasar, un infarto cerebral no suele doler, la persona que lo sufre suele desorientarse y no es consciente del problema, salvo algunas excepciones. Las tres peores embolias que pueden suceder son la de las extremidades inferiores, la mesentérica y la pulmonar (aunque esta última no suele deberse a fibrilación auricular, ya que el trombo debería formarse en la orejuela derecha, algo poco común). Si la embolia llega a las extremidades el paciente presenta un dolor que se describe como intenso, insoportable, que no disminuye con nada; y en casos muy severos la extremidad de necrosa, se gangrena, resultando en una amputación. La persona puede salvar su vida en esos casos, pero queda discapacitado de la extremidad que perdió. En caso de que la embolia sea mesentérica, el infarto se da a nivel intestinal. ¿Sabes qué es lo peor de esta situación? Tenemos alrededor de 5 a 8 metros de intestino delgado y 1.5 a 2 metros de intestino grueso. Si la arteria mesentérica superior se ocluye en su inicio, el tejido que sufre isquemia es de 6 a 9 metros. ¡6 a 9 metros de tejido pudriéndose lentamente dentro de una persona!, generando un dolor intenso, insoportable, pérdida de líquidos, vómitos que incluso llegan a contener sangre. La persona que sufre una isquemia intestinal arterial como esta, suele morir en horas, incluso si hay cirugía.
Y esto solo hablando del daño que produce el miedo crónico a nivel cardiovascular. Porque dejamos de lado todos los efectos dañinos que tiene en el resto de sistemas corporales.
Reflexión final
El lector se preguntará: ¿Y toda esta explicación para qué? ¿Para solo tener más miedo de enfermarnos del corazón? Algunos otros dirán ¿Y cómo pretendes que no tenga miedo si el país donde vivo está envuelto en crímenes, crisis o guerras? ¿Solo pienso que el mundo es color de rosa y ya?
Lo cierto es que nada de esta explicación es para solo decirte que no tengas miedo y ya, como si eso solucionará un problema tan complejo. Nadie tiene miedo porque sí, y nadie se controla tanto solo con leer un blog. Incluso las personas que tienen alguna fobia pueden constatar lo difícil que es lidiar con un miedo tan intenso, aunque sea «irracional» o poco probable que pase. Y no cambiaré el mundo con un blog sencillo, ni hoy ni en 100 años, y ni siquiera es el objetivo.
El objetivo de esta entrada en específico es dar a conocer públicamente las consecuencias negativas de vivir rodeados de miedo. Las situaciones que más miedo crónico generan en los países de habla hispana son la inseguridad, la delincuencia, las crisis económicas, el no saber si llegarán a fin de mes, el no saber si tus seres queridos regresarán a casa. Esas situaciones si son algo prevenibles y evitables de forma individual, pero mientras no haya estrategias reales y eficientes para frenarlas, no hay seguridad real para el ciudadano común. Situaciones como estas generan miedo, en todos los niveles. Es como una epidemia de terror mediático y social que terminan dañando a la población aun cuando la mayoría de ellos (afortunadamente) no vivirán en carne propia algún evento como los múltiples casos de violencia que se observan en todos los noticieros, todos los días. Exhortó ampliamente a todos los gobiernos del mundo a planear estrategias para disminuir el miedo poblacional crónico. El miedo enferma, y un ser humano enfermo no vive plenamente. Y para los que son más fríos y egoístas, el ser humano enfermo no puede trabajar, no genera bienes, no llena los bolsillos de nadie si ni siquiera llena los suyos.
Y a ti, lector, como persona individual. No te diré que nunca más vuelvas a tener miedo, eso sería pedirte ser inexistente. Lo que te diré es simple, independientemente de que los gobiernos tomen cartas en el asunto, lo cierto es que si tienes control de tu situación, al menos parcialmente en el peor de los casos. Toma el control de tu vida y busca estrategias que te den seguridad, para no vivir en un miedo crónico, que te merma la salud constantemente hasta que finalmente caes enfermo de forma irremediable. Sé que, paradójicamente, pareciera que este texto fomenta aun más el miedo a padecer una enfermedad cardíaca, pero no es así. Una cosa es saber las consecuencias de nuestras conductas y nuestras emociones, y otra cosa es lo que haces con esa información. Te invito a ocupar esta información para enfocarte en crear tus propias estrategias para disminuir el miedo que hay en la vida cotidiana. Por ti, por tus seres queridos, y por el futuro de la humanidad.
Me gustaría brindarte las herramientas exactas para aligerar el miedo en tu vida, pero eso extendería este blog a limites para los cuales no fue creado. Solo me queda desearte una feliz vida, llena de salud y éxito, con un corazón fuerte y sano. Saludos, y espero que esta lectura te haya dado algo sobre lo cual reflexionar.
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